Es difícil empezar a escribir de temas tan conflictivos como lo son” la
libertad, la justicia y la igualdad”, ya que entre sí existente tantos choques
pero individualmente son la representación de toda utopía soñada por el hombre
desde el inicio de su racionalidad.
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Ahora bien, la libertad
es ¿“el derecho básico de todo ser humano”, no?... eso es lo que nos dicen pero
la realidad es que cada persona tiene su propia definición y forma de
aplicación ya que por lo general es descrito como el poder hacer y/o decir lo
que se desea. Sin embargo, esa es solo una idea infundada de niños ya que la
verdadera libertad es aquella que no atenta contra los demás… y por el
contrario piensa en el bienestar del colectivo.
Es allí donde entran en escena la libertad positiva y negativa. La primera
data de la posibilidad de adquirir poder o autonomía que le permite realizarse
o cumplir su destino; mientras la segunda apunta hacia la reflexión de que el
individuo es libre siempre y cuando no exista un obstáculo que impida hacer lo
que quiera. Pese a tener claro que la libertad necesita una restricción y un
direccionamiento “positivo” las personas suelen corromper hasta lo que se dice
ser bueno.
Es allí donde entra la participación de la justicia, pero
¿qué es justo o injusto?... obviamente es complicado catalogar la justicia en
una definición, sería encasillar algo de lo que no se tiene un conocimiento
total o un panorama completo, más aún cuando no se es imparcial con respecto a
ello. Por otro lado todos sabemos que es “injusto” porque sabemos que hay algo
que no está bien en el contexto social.
Este término es aún más complejo porque la justicia se define cuando un
individuo “recibe lo que es debido” por algún acto impropio y no aceptado
por la sociedad pero se requiere ser cuidadoso para tomar una decisión “justa”
ya que existen factores externos que pueden alterar todo, más aún al buscar la
imparcialidad en tal decisión y un trato equitativo.
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Así pues, llegamos al concepto de igualdad ya que
es imposible hablar de los anteriores y no mencionarlo. Este término, se
determina como “ser tratados como iguales en todo aspecto” pero ¿es así? La
realidad es que el termino es, también, simplemente idealizado ya que intentar
tratar a todos como iguales simplemente genera más desigualdad…. En sí, es el
inicio y la muerte de un sueño esperado.
La razón de mi declaración está sustentada en: una sociedad con
pensamientos cortos e individualistas es toda una odisea tener “igualdad de
oportunidades” pese a la diversidad de talentos existentes en la mayoría de
personas pero a la cantidad alarmante de obstáculos para explotarlos. Así como
también, se le atribuye parte de la culpa a la “igualdad de circunstancias”, en
donde no existe por el entorno donde se desarrolla la persona con talentos
natos [pobreza, violencia intrafamiliar, educación de mala calidad, etc.]
Por consiguiente, nada de esto es posible porque no se puede pensar en
igualdad cuando no todos tienen las mismas posibilidades de vivir así y es
necesario actuar según las necesidades y no en los méritos.
Para concluir, y como ya se mencionó al comienzo, es complicado hablar de
cada termino pero más aún, lo es pensar en ellos como conjunto. En pocas
palabras, la justicia necesita de la igualdad y la igualdad requiere de la
libertad… pero cada uno tiene un límite y un limitante… el cual es, que hasta
ahora se están definiendo bien sus conceptos, sus variables, el entorno, el
cambio de época, entre otros; y por ende la apropiada utilización de ellos en
la sociedad “moderna”.


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