Ruanda era un país con prejuicios acentuados por un
pasado complicado entre el pueblo de los hutu y los tutsi, siendo la mayoría de
las personas manejadas como peones por gente poderosa que tenía intereses
propios y que se valían de la radio local para difundir y justificar el odio
hacia los tutsi.
Dado que la radio se podría considerar como el medio de
comunicación de vía rápida y portable, la radio de esta comunidad tenía una
gran apertura hacia el público en general, impartiendo su ideología de odio
hacia los tutsi. Fue tanto el impacto, que se convirtió en un vehículo de
programación de odio, que informaba sobre el “progreso” y asentamientos tutsis ocultos.
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Esta radio estaba constantemente al aire y como
consecuencia transmitía información en cualquier momento del día. En un
comienzo simplemente advertía de los tutsis, dirigiéndose a ellos como
“cucarachas”, y prevenía a los demás de un supuesto peligro que podría
encontrarse en el vecino, amigo, etc.
Consecutivamente, la misma fue la incitadora del
conflicto al dar “la orden” de iniciar con las agresiones al tergiversar una
información y culpar de ello a los tutsis. De esta forma, los civiles y hasta
las mismas fuerzas armadas se comenzaron a agrupar respaldando una violencia
que creían justificada.
De manera que, el terror invadió los hogares y las calles
de toda Ruanda, al igual que la desesperación y el deseo de vivir prevalecía en
cada uno; ya que incluso algunos hutus consideraban erróneo el conflicto en sí
y para ellos no existían ninguna diferencia. Casi paralelamente, la ONU intentó
intervenir al comienzo del conflicto con la firma de un acuerdo que resultó
fallido, y más adelante intentó auxiliar de alguna forma a las víctimas y
fugitivos.
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Así pues, en todo este tiempo fue la radio la que mantuvo
informados a los hutus violentos y de igual forma a los tutsis, teniendo todos
conocimientos de la magnitud de la masacre y a quienes perseguían. Así mismo,
fue este mismo medio el que difundió el odio entre personas que se creían de
confianza, ya que los que tenían la posibilidad de “escapar” de este destino lo
hacían al coste de entregar a inocentes.
Cabe resaltar, que pese a ser un medio de comunicación
que tiene por objetivo informar, esta radio en particular perdió el rumbo a tal
punto de transformarse en subjetivo y personal, mostrando intereses particulares
y perdiendo toda pieza de “profesionalismo”. Es de esta manera, como el locutor
evidenció la desesperación por acabar con las personas que consideraba
“cucarachas” y sus aliados.
Actualmente, la radio, y en general los medios de
comunicación, se han convertido en parte importante de nuestra vida a tal punto
de necesitarla para estar constantemente informado de lo que sucede en el
mundo, por tanto es esta confianza que le otorga el público por su presunta
veracidad.
Sin embargo, al tener conocimiento de esto y de la
difícil imparcialidad de los periodistas, se da paso a la duda sobre si en
realidad no favorecen los intereses de alguien o los propios. Más aún, sabiendo
que Colombia es, casi que, la cuna de la corrupción, y la censura está a la orden
del día ¿por qué no cuestionar sobre los intereses reales de los medios y los
periodistas? ¿Por qué no debatir su nivel de sinceridad?
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Lo anterior, da campo a diversas conjeturas, más aun
sabiendo que Colombia es un país en “vía de desarrollo” y que la mayoría de sus
habitantes son volubles en cuanto al pensamiento por diversos factores
socioculturales; por consiguiente son manipulables con mayor facilidad. Aquí,
al igual que en Ruanda el mayor peligro está constantemente en aquellos
mensajes “subliminales” que llegan al pueblo, esto es porque se trabaja la
psiquis del hombre y el resultado puede ser el de este país centroafricano.
Para terminar, los medios de comunicación... pero en
especial la radio [por ser considerado “del pueblo y para el pueblo”] es muy
poderoso por la información que suministra, su objetivo y el público al que se
dirige. Básicamente los medios cubren llegan a todos, lo que los hace
poderosos, ricos en “información” y acceso; siendo así un arma de doble filo
que en las manos equivocadas puede tener como resultado cambios en la sociedad,
política o economía o lo sucedido en Ruanda [esparcía odio hacia los tutsis].



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